Tuna (furia del siglo XXI). Paseo de la Colonia, Águilas. Octubre, 2007.
Caminaba con mi paso apresurado, tirando de la cadena a todo lo que daba (odio la cadena que me retiene más de lo que quisiera) con mi amo tras de ella. Oliendo meadas y feromonas que me cuentan como anda el vecindario. El perro marrón chiquito no anda bien del estómago, pobre, debió comer pienso enlatado que revuelve el estómago hasta la nausea. Al pasar la palmera (una de las decenas que hay por aquí), vi acercarse un grupo de la especie de mi amo, aunque no eran de su clase (mi amo es raro y peculiar). Estos olían diferentes, no sé, como más añejos. Dos hembras y un macho. Al pasar a nuestro lado una de las hembras, vestida de negro, comentaba en voz alta: pues al menos eran cinco, cuatro municipales y dos nacionales. Entonces serían seis, querida, le corrigió la otra mujer. Pues seis, que más da, y aun así les dio de lo suyo, decía la mujer enlutada. Bueno tampoco debió de ser para tanto porque tu hijo llevaba la ropa desgarrada por todos lados y la camisa llenetica de sangre, le volvía a decir la amiga y añadió: ¡es que tu nene no tiene cabeza!. Si, pero ellos eran seis. El macho de pelo blanco asentía como ausente.
